miércoles, 27 de diciembre de 2017

Cuando las malas compañías son los padres

Del fotógrafo húngaro André Kertesz


Preadolescentes de entre 12 y 15 años saldrán estas fiestas a emborracharse, a drogarse y a "paparse" siguiendo los dictados de los vídeos porno Torbe ante la indiferencia de unos padres y madres que consideran que "a fin de cuentas, si lo quieren hacer lo harán porque están en la edad de hacer esas cosas y porque todos hemos hecho lo mismo".  No hay mejor parapeto que los tópicos manidos y los  pronombres genéricos de plural para esconder la desidia y la insensatez de ciertos progenitores: Todos lo hemos hecho, todos lo hacen, nada se puede evitar.

Tras muchos años en la enseñanza, me preocupa la deriva a la que están lanzados chicos y chicas menores de 16 años que, como manzanas verdes arrancadas por un vendaval feroz, se enfrentan a un  tipo de ocio adulto sin haber iniciado su madurez. Y todo esto consentido desde el entorno familiar. Y es que  hay un sector de población (padres y madres cuarentones, sobre todo) que por alguna razón que se me escapa no es capaz de desarrollar las capacidades intelectuales mínimas que se suponen que deben tener y que parecen ignorar que su dejadez y su profunda inopia puede ser nefasta para sus hijos ( y, sobre todo para sus hijas, si tenemos en cuenta la gota constante en la piedra que transmiten las letras de trap y rap tan queridas para este perfil adolescente). Después de pasar una década superprotegiéndolos, les llega la información de que a los hijos hay que dejarlos sueltos para que adquieran madurez y se enfrenten a sus responsabilidades y esos padres y madres entienden que enfrentarlos con las responsabilidades es lanzarlos al vacío de las calles (así nos podemos tomar algo tranquilos, ¡al fin!), al agujero de la pornografía de la red (no, si el móvil de mi hijo no tiene datos), al peligro del botellón (son los demás, mi hija no bebe, sale por la noche pero beber, beber... no le gusta), al adormecimiento de las redes sociales ( no, si el Instagram de mi hija es privado, solo tiene 666 amigos)... Después, si pasa algo, fueron las malas compañías (los hijos de los demás) que mi hijo y mi hija son los más listos, pero les tocaron malos profesores (le tienen manía); son muy buenos, pero la sociedad los trató mal, no tuvieron suerte; son muy responsables, pero la adolescencia, ya se sabe, tiene que aprender llevando palos; Además, si quieren hacerlo, lo van a hacer... Yo, como padre o madre que tenía que educarlos o cuidarlos, ... es que educar es muy difícil... ya lo dice todo el mundo... Y en el instituto, los profesores, ¿cómo no los advirtieron, por qué no los educaron?

En los años 80 la heroína (que está repuntando,¡ojo!) provocó la mayor tasa de mortalidad juvenil de la democracia en España ante los ojos atónitos de familias que no sabían  qué pasaba y ante la indiferencia de las autoridades. Nada es gratuito, todo tiene un sentido. Para que haya clínicas de adelgazamiento debe haber comida basura que engorde frente a un televisor donde hombres y mujeres con cuerpos 10 pasean su felicidad en coches y casas de ensueño. Para que existan clínicas de desintoxicación debe haber toxicómanos que se inicien en las drogas lo suficientemente pronto como para no poder parar. Para que no haya protestas en las calles debe haber generaciones embrutecidas, adormecidas, incultas, insatisfechas y consumidoras compulsivas. Para que  el protagonismo social que están alcanzando las mujeres se ahogue, estas deben empezar a salir con 13 años, abandonar los estudios prematuramente y dejarse manosear por adictos a vídeojuegos salvajes mientras escuchan, vodka en mano, la última ocurrencia machista del reggaeton.  Siempre he sentido curiosidad por los dueños anónimos del mundo, por ese poder en la sombra que casi nunca se expone en los medios de comunicación pero que decide qué nivel de estupidez humana y cuántas vidas desperdiciadas son necesarias en cada momento para que puedan mantener sus privilegios. Sin duda, el arranque del siglo XXI es un  momento especialmente dulce para ellos. 

¿Qué podemos hacer frente a los mil rostros del diablo? No temerlo. Y ofrecer a nuestros hijos e hijas herramientas para identificar alguna de esas caras siniestras. Nada nos garantiza la salvación. Pero dejarlos al filo  de la noche cuando aún están creciendo es empujarlos a unos callejones sin luz de los que saldrán indemnes...o no. Y los responsables son los padres y las madres... esas compañías. 

domingo, 24 de diciembre de 2017

El espíritu de las navidades presentes.

                                                        Happiness, de Steve Cutts

Steve Cutts es un ilustrador londinense que pone su lápiz satírico en la llaga de los excesos consumistas. Canción de Navidad de Charles Dickens es un cuento de fantasmas balsámico  que nos reconcilia con el mundo. El final es feliz, el avaro entiende la lección que le brindan los fantasmas y rectifica a tiempo. Sabe aprovechar la oportunidad. Fuera del mundo de las letras y de la imaginación, si uno se para a pensar, la bofetada es escalofriante como un carámbano madrugador en el campo de refugiados de Moria, en Lesbos, donde las personas malviven y mueren mientras la sociedad espera que el tiempo cobre distancia y algún avispado del primer mundo pueda enriquecerse contando la película lacrimógena (candidata a los Oscars) de unos seres vivos que perdieron su dignidad y su vida ante la indiferencia de otros seres vivos que vagan fantasmales en Navidad por las escaleras de unos centros comerciales atestados de sudor y ruido comprando objetos que no necesitan con el dinero que malganan en unos trabajos explotadores que les impiden vivir con dignidad. 
Si Charles Dickens viviera hoy no podría salvar a Scrooge.



sábado, 25 de noviembre de 2017

Tres tomas de conciencia para el Día Internacional Contra la Violencia de Género

TOMA 1. La Manada
La Manada es el nombre de un grupo de hombres dueños de una aireada afición a las drogas, al alcohol y al sexo bestia. Su palurda vanidad los llevó a alardear de sus actos en un  grupo de wasap y esos mensajes ahora están en las redes sociales y en los medios de comunicación. Sus palabras los delatan como zangones de poca sal en la mollera, nulo conocimiento de las normas morales elementales que definen al ser humano, escaso sentimiento de empatía hacia los demás, desprecio basto, primitivo y cruel hacia las mujeres, animalismo brutal e instintivo en sus actos y en sus pensamientos. Han violado a una chica de 18 años en los Sanfermines  y están siendo juzgados por ello. Parece que todas las pruebas objetivas los inculpan
Sin embargo, las propias redes sociales y los medios de comunicación nos obligan a un descenso a los infiernos, a darnos de bruces con una sociedad que, tantas veces adormecida ante las injusticias y las manipulaciones, despierta con una duda al trascender que la víctima, lejos de corresponderse con un perfil de joven apocada y superada por las circunstancias, adopta la apariencia de seguridad y distanciamiento de los hechos. Si no está mesándose los cabellos y engordando a base de tranquilizantes feroces, su actitud es abono para la sospecha: ¿fue violación o fue acto acordado?;¿por qué entró con ellos en el portal?, ¿por qué siguió con su vida como si nada hubiera pasado? En el entorno de los enjuiciado muchos los defienden porque "son buenos chicos" que nunca han dado que hablar. La desconfianza planea sobre la víctima, una adolescente de 18 años que, confiada o desinhibida, no tardó en hacerse amiga de unos lobitos traviesos. La víctima debe demostrar su inocencia y los abusadores defienden pasmados su actuación esperando que un resbalón de la muchacha los libere y los devuelva a su entorno de novias fieles, abnegadas y comprensivas. 

 TOMA 2: El túnel
En 1948 el  escritor argentino Ernesto Sábato nos dio a conocer en  El túnel los celos desatados y la obsesión enfermiza del pintor Juan Pablo Castel hacia una mujer, María. El propio Juan Pablo, en uno de los inicios de novela más perturbadores de las letras hispanas, nos sorprende con su confesión: "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne".
Muchos años después, en 2016, un grupo de alumnos y alumnas de un instituto bien al norte, ganan el III Concurso de Guións contra a Violencia de Xénero, organizado por la Diputación da Coruña con un guión inspirado en Juan Pablo Castel. Como profesora que los vio crecer desde 1º de la ESO hasta 1º de bachillerato no puedo estar más que orgullosa de la evolución  y madurez que los está llevando a tomar conciencia crítica del mundo en el que viven y del que quieren ser partícipes para mejorarlo. El cortometraje pone su dedo ácido en los micromachismos, esos bichitos...

 


 Toma 3: La educación
Por mucho que hoy las redes sociales se llenen de buenas intenciones, el colectivo más vulnerable de sufrir violencia de género es la adolescencia. Todos los indicadores lo señalan. Nada podrán hacer las buenas intenciones si no se da un paso de gigante en la educación. Los micromachismos son pequeñitos pero invasivos como la hiedra trepadora, a modo de gestos imperceptibles  que calan más que el calabobos, sutiles usos que dañan más que las termitas. Letras de canciones raperas y traperas que insisten en la necesidad de que las chicas estén preparadas para satisfacer al macho, moda que sexualiza  a las niñas con el reclamo de una ansiada rebeldía juvenil, en los videojuegos presencia femenina pasiva o sexualizada (o  inexistente como en la ciencia, que los avances de la humanidad son cosas de chicos, pregúntaselo al libros de texto), mayor promoción de grupos musicales masculinos (el rock también es cosa de chicos pero en las letras la protagonista es la mujer, como sucede desde siempre en la historia de la literatura o las artes, y como se ve en los libros de texto.)... Y cuando hablo de educación soy consciente de que la escuela no puede hacer mucho si no hay una toma de conciencia por parte de padres y madres (esos seres a veces en la inopia) y sobre todo, por parte de las instituciones. Pero, ¿cómo luchar contra gigantes si incluso las campañas organizadas por algunos ayuntamientos resultan torpes, ambiguas (¡ay, lo que valen las preposiciones y los  pronombres personales bien puestos!) o tan poco afortunadas (banco de chistes malos para manadas descerebradas) que tendremos que dar la razón a la ley de Murphy?



miércoles, 30 de agosto de 2017

Seis ideas fascinantes para que tus alumnos se encanten con la lectura


Niños leyendo cómics. Thurston Hopkins.

Café matutino en mano abro la ventana al mundo virtual y me tropiezo con el siguiente reclamo:  "Un fascinante cortometraje para encantar a tus alumnos con el mundo de los libros". Se trata de  Los fantásticos libros voladores del señor Morris Lessmore, ganador de un Oscar en 2012. Será que me estoy acercando a esa edad en la que una deja por fin de creer en los Reyes Magos pero un titular tan entusiasta invoca más al recelo que a la esperanza. Me dispongo a verlo con mentalidad de alumna poco lectora, de esas a las que hay que encantar con recetas fascinantes y compruebo con pavor que el corto tan premiado me aburre antes de llegar al minuto siete. Con todo, llego al final y me empacha tanta mermelada con mantequilla, tanto libro volador y tanto final extrafeliz y tan consciente y manipuladormente emotivo. Será que me acecha una vejez  llena  de ortigas o será que he pasado la canícula imbuida en lecturas tan poco pastelonas como las de Carson Mccullers, Jirí Weil o de Nell Leyshon pero el cortometraje (líbreme Dios de criticar sus virtudes técnicas) no me ha trasportado en absoluto al fascinante mundo de los libros.

Pero desprendida como me encuentro en esta alborada sin luna de finales de agosto he decidido compartir con ustedes estas Seis ideas fascinantes para que sus alumnos se encanten con la lectura que me he encontrado por ahí.

1. Ponles cortometrajes en los que hombres mayores y solitarios sobreviven gracias a los libros.
Sin duda, se sentirán identificados con el personaje. Además, lo bueno de este tipo de cortometrajes es que el libro aparece como un objeto viviente estereotipado, ajeno a los libros reales y a su sentido. Si en la clase no se oye ni una mosca durante el visionado del mismo se pueden buscar en internet otros cortos bajo el epígrafe de "Diez cortometrajes sobre la lectura que hay que ver antes de morir" o "Cinco secuencias de películas famosas que harán que tus alumnos lean Crimen y Castigo en tres días". Si aguantan en sepulcral silencio el proceso de conversión puedes recompensarlos organizando una performance consistente en sacar todos los libros de la biblioteca al patio y realizar un acto de purificación con música y frases bonitas sobre la importancia de leer. Imprescindible colgar la actividad en el blog del instituto y en las redes sociales con el hashtag #animaciónalalectura.

2. Recomienda un único libro por trimestre para todo el grupo.
Que sí, que sí, que las aulas de un centro público son un microcosmos donde impera la diversidad. Conviven grandes lectores con alérgicos a la escritura; entornos familiares de los que sería conveniente huir con otros que son la réplica moderna de la Escuela de Atenas; adolescentes para los que el estudio consiste en empujar una piedra de grandes dimensiones cuesta arriba frente a otros que emiten un leve soplido para que la piedra ruede cuesta abajo. Entonces, ¿Qué mejor homenaje al "Todos somos iguales y tenemos los mismos derechos" que imponer cada trimestre un único libro para todos y para  todas?

3. Elige entre la amplia oferta de las editoriales que publican libros escritos a propósito para leer en los institutos.
Muestra tu apoyo a  la labor filantrópica de las editoriales especializadas en "literatura de instituto" recomendando a ciegas los libros de sus catálogos. No es necesario que los leas previamente ya que cada libro viene clasificado por edad recomendada para su lectura, valores éticos que transmite, temática,... Compartimentos estancos que, paradójicamente, se cruzan y entremezclan hasta parecer escritos por la misma cabecilla.

4. Haz saber que leer el libro es obligatorio y que pueden suspender la asignatura si no demuestran su lectura en un examen.
Lo digo siempre citando a Sabina: Si dos no se engañan mal pueden tener desengaños. Emociones fuertes para otra ocasión. La lectura del libro se demuestra vomitando su contenido en un examen. Para ello, lo mejor es leerlo de un tirón la noche previa al día de autos. Y no hay más que decir, señoría.

5. Evita los clásicos.
Circulan por la red testimonios dantescos, esperpénticos y kafkianos de docentes que se han quedado calvos por tirarse de los pelos cada vez que sus alumnos de 3º de ESO reconocían abiertamente que no habían entendido nada de El Buscón de Quevedo.  Uno apunta en la pizarra el título de un clásico, deja  a la deriva a los alumnos con un libro escrito en el siglo XVII, jarabe de ricino sin red ni resumen ni adaptación ni lectura leída en voz alta ni explicada en el aula, sí señor, para que se hagan fuertes ante la adversidad y ellos... ¡Ingratos!

6.  No tengas en cuenta sus recomendaciones.
Podrían emocionarse demasiado y romperte los esquemas. Está bien que lean lo que quieran pero que lo hagan en casa. En el aula es otra cosa, en el aula el profesor tiene ante sí la titánica tarea de conseguir que sus pupilos amen la lectura.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Tener más que decir

María Montessori
El taxista, mañana lánguida y gris como una vida a golpe de cafés en la misma barra de siempre, sale de la parada acelerando antes de un brusco frenazo. Madres o abuelas cruzando rápido a la par de las mochilas de colores disney con trenzas rubias y calcetines blancos hasta medio pantorrilla. El taxista, manos de violinista sensato apoyadas en lo cotidiano, recrimina, ventanilla al vuelo, que la primera lección del día sea la de cruzar el semáforo en rojo. Ojos sorprendidos, gafitas naranja sobre la nariz de las rubias trenzas, testigos del parloteo aturdidor de la madre o abuela que ha incitado a cruzar el semáforo en el último parpadeo del verde permisivo.
¡Y aún tiene algo más que decir! El taxista resume en este dicho o frase casi hecha o lugar común su áspero sentir ante las palabras vacías que poco pueden justificar frente a la evidente temeridad de hacer cruzar a los niños con el semáforo en rojo.
Lluvia sucia tras los cristales en el asfalto de la ciudad triste mientras revolotean a mi alrededor las atónitas exclamaciones de ¡Y aún tiene algo más decir!
Tiene algo más que decir quien no tiene argumentos convincentes con que rebatir los argumentos del contrario pero, a pesar de todo, tiene algo más que decir, cuchillo mordaz o escondrijo en el que restañar las heridas de la presunción.

Esta anécdota o fogonazo o cuadro de costumbres reciente me ha llevado a reparar en que vivimos en un mundo en el que siempre se tiene algo más que decir aunque sea nada lo que se dice. La niña de las trenzas ha aprendido esa mañana que se puede pasar el semáforo en rojo siempre que se disponga de artillería vocal necesaria para decir, ante la admonición, la última palabra. Hace unos años di clase a unos alumnos de 1º de ESO especialmente voraces en su locuacidad. Escribí en la pizarra un conocido proverbio árabe que debían tener rotulado en la primera hoja de la libreta: "Si lo que tienes que decir no es más hermoso que el silencio, calla". Paradójicamente, ahora que las nuevas formas de comunicación tecnológica ponen en riesgo la comunicación lingüística, el silencio -los silencios- se ha(n) visto despojado(s) de su encanto inefable.

La falta de comunicación, la indiferencia hacia el otro, deviene con frecuencia en verborrea vana y molesta de significados imprecisos y formas vagas. Esta imprecisión no es endemia de una plebe adherida al entorno de su nido sino que aqueja también a muchos personajes públicos de los que esperamos un bagaje cultural sólido aunque solo sea por el contacto profesional con individuos de variada instrucción.  Políticos, artistas, periodistas, comunicadores y demás gurús emergen como las florecillas en las rendijas de los tejados para decir que su líder es "grande", que su partido es "mucho partido", que hay programas que "hacen sentir". En las redes sociales cualquier pensamiento profundo obtiene una respuesta simple que se limita a tres enunciados vacíos:"¡Grande!", 👍 o 😊.

Y casi nadie tiene algo más que decir.

Es triste.

Es triste comprobar en las clases de Lengua y Literatura el respiro que supone hacer ejercicios descontextualizados de gramática y sintaxis y el  desasosiego incómodo que sobreviene ante el anuncio de tener que comentar algún tipo de texto más o menos hermoso, profundo y literario. Sobre todo cuando la profesora pide que se eviten  respuestas como "Me gusta el poema porque es fácil de entender y me gusta lo que expresa".

Estos días he comprobado en un grupo de 4º de ESO  que, aunque la travesía puede ser lenta y espinosa, es posible rescatar al genio dormido en el fondo del alma con las clases de literatura. Enternecidos poemas, escenas teatrales impactantes y sosegadas narraciones han salido de sus plumas tras la lectura de los tres poemas que les dejo a continuación.

Tres poemas sobre Ulises y Penélope

En un mar infestado de idioteces y emojis, desde la escuela tenemos la obligación moral de nadar contracorriente hasta conseguir que nuestros alumnos y alumnas tengan mucho más que decir. 

domingo, 30 de abril de 2017

Wislawa, Andersen y la generación blandita


Del fotógrafo húngaro André Kertezs. Niños gitanos, 1926. Ventana a un mundo sin red.

El niño aspira el zumo terriblemente azucarado hasta dejarlo en los huesos. Sin apenas respirar no es siquiera consciente de su sabor, que no le importa, engullente compulsivo de un mundo que no le ha sido ofrecido para saborearlo. La mano familiar que insertó la pajita en el himen del tetrabrik altamente contaminante ata ahora cordones, limpia mocos y ofrece  cachitos de jamón cocido con lechosa blandura de un pan que no lastima los tiernos dientes a los que nadie ha preparado para pinchar con mordiscos de ortiga si la vida  desvía sus railes fuera del tobogán vallado.
La mano complaciente busca para su hijo un mundo que no forma parte de este mundo. O puede que sí. La mano complaciente alza el oído alerta a todos los peligros que fisgonean por la ciudad escondidos en esa arquitectura del miedo y de la intimidación de la que habla Zygmunt Bauman en Vida líquida.

Sorprendida por un verano anticipado a principios del mes más cruel (releyendo a Eliot como antibiótico contra la narcosis), observo a ese niño en el parque mientras decido si tiene sentido recordar en la biblioteca de un centro de secundaria que cada dos de abril, coincidiendo con la fecha de nacimiento del escritor Hans Christian Andersen, se celebra el Día Internacional del Libro Infantil. Me gustaría decirles alguna vez a mis alumnos que el Andersen que conocen a través de las versiones Disney no tiene nada que ver con el hombre atormentado y feo que tuvo una infancia difícil, realmente muy difícil, y al que, debido a su dislexia, no le iban muy bien las cosas en la escuela.

La editorial Malpaso ha publicado hace unos meses un libro  que recoge breves reseñas que Wislawa Szymborska fue escribiendo durante años. Como bien sabemos los que aprendemos de Wislawa, leerla es dar pasos hacia adelante fijando en la memoria todas las piedras del camino que nos va mostrando con su sonrisa irónica y valiente. Uno de los primeros artículos de ese libro lo ha titulado La importancia de asustarse y está dedicado a Andersen y a sus cuentos de hadas.  Dice Wislawa que a los niños les encanta asustarse con los libros, que los niños  sienten la necesidad natural de vivir grandes emociones. Pensando en Wislawa, en Andersen, en las infancias arrebatadas por las diferentes formas de crueldad adulta  y viendo al niño del zumo entiendo que la infancia, ese cosmos que nos forma y nos deforma, necesita hoy más que nunca historias que trasporten a los niños a un mundo  en el que la fantasía, cual grieta que rasguña, muestre la realidad en su valiente desnudez.

En el prólogo al primer tomo de los Cuentos completos de Andersen publicado por Anaya (y ya descatalogado), Gustavo Martín Garzo comienza hablando de un término (acuñado por J.R.R. Tolkien) que yo no conocía: eucatástrofe, "la bella catástrofe", que viene a significar que, a pesar de todas las dificultades y tristezas a las que tendremos que enfrentarnos, el mensaje de los cuentos es que la vida merece la pena. Martín Garzo cree que Andersen es "uno de los autores en los que late de una forma más decisiva esta visión a la vez trágica y luminosa de la vida".

Al niño de la pajita sus padres lo han acristalado en un mundo tan luminoso que corre el riesgo de no entender que la tragedia, la muerte y los volantazos del destino forman parte de una vida que incluye también a los demás.

 Andersen no debería estar descatalogado.





domingo, 2 de abril de 2017

Agridulce sensación


La bella luminosidad del hispido tojo
Llevamos toda la vida culpándonos del fracaso escolar como en un efecto dominó que se muerde la cola: los padres culpan a los profesores, estos la toman con los maestros de primaria que a su vez despotrican contra sus compañeros de infantil que insisten en decir que de nada sirve la labor de la escuela si después en casa les limpian el culo a los niños y les recortan las mariquitas. Los profesores universitarios se preguntan qué han aprendido los adolescentes después de catorce años de escolarización y los de secundaria les lanzamos dardos envenenados preguntándoles si van a empezar a trabajar alguna vez o seguirán siendo tan ineptos como cuando nosotros pasamos por sus aulas. En el fragor de la discusión echaremos la culpa a quienes siempre la tienen, los gobernantes; y cuando nos invada la niebla de de la resignación culparemos a esa abstracción de humo que, cual fantasma de parroquia, ni se ve ni se puede tocar, pero se siente: la sociedad. Cuando uno descubre que la sociedad es la culpable los músculos se relajan y el fracaso se acepta como una adherencia inevitable. ¿A qué despacho hay que dirigir la reclamación formal si la responsable es la sociedad? La culpa no es ni de los padres ni de los profesores, sentenciaba hace poco un amigo mío, así que no hay nada que hacer. ¡Qué alivio tan grande supone descubrir de pronto que no podemos hacer nada porque no tenemos ninguna responsabilidad en el asunto!

Hace unos días, escarbando en el trastero con la intención de desclasificar los cascajos del pasado, encontré un primoroso cuaderno de lengua castellana de  2º de primaria en el que mi hija escribía una oración con la palabra cocinero: "El cocinero hoy cocinó pollo agridulce para todo el mundo". Me sorprendió, pues yo ignoraba que hubiese una receta de pollo agridulce. Si yo les mandase hoy en día hacer a mis alumnos de 3º de ESO una oración con cocinero, la coincidencia en muchas respuestas sería asombrosa: "Mi tío es cocinero". O mi padre, o mi hermano o Pepe,  es cocinero.

Y aquí podía quedar la queja tanta veces repetida y adornada con otras anécdotas y ejemplos de desconocimiento de lo evidente y de lo tantas veces repetido. Esa queja tópica y manida y arrugada que no deja ver el árbol en el bosque, que nos hace afirmar que toda la playa es arena o que no hay más cuatro que el que resulta de sumar dos y dos.

Déjenme  hablarles de tres alumnos que escribirían "Mi tío es cocinero" en un examen de Lengua de 3º de la ESO. Como cualquier parecido con la realidad puede ser pura realidad en vez de nombres elegiré un color (en tangente homenaje a  Me llamo Rojo de Orham Pamuk, esa novela que leería una vez más si tuviera las vidas de un gato).

Blanco es un alumno pálido y tímido que parece esconderse detrás de sus miedos. Es el aspirante perfecto para la crónica de un fracaso anunciado y lo asume con resignación,  Ocre es un alumno inquieto y extrovertido que vive atrapado en la autopista de una hiperactividad que lo obliga a caminar con zancadas de tortuga. Aún es joven para comprender que quien tira piedras de resentimiento abolla su propio tejado.  Azul es un alumno atento y reflexivo que ha logrado llegar con esfuerzo al bachillerato bajo la atenta desconfianza de los profesores que lo vieron repetir en la ESO. Con ese "encanto descarado de la vida" que diría el poeta Gil de Biedma se ha buscado su hueco inmune al desánimo. Los tres escriben. Blanco cuenta historias de amistad que no pueden ocurrirle en la realidad porque apenas sale de su casa. Ocre rapea desde un corazón dolorido faltas de ortografía con las que restañar las injusticias de un mundo que invisibiliza su esfuerzo. Azul quiere dar salida a su impoluta creatividad con textos donde las palabras se atropellan a veces como canicas desbordadas que caen de la bolsa rota.

Blanco, Ocre y Azul están dotados de una sensibilidad que no se recoge en los estándares de aprendizaje de las leyes educativas que cambian como cambia de dirección el viento, alentadas por un dios malévolo que nunca ha entrado en un aula. Azul ha conseguido ajustar las velas y navega con alas,  inseguro aún en su rumbo claro. Blanco y Ocre flotan a duras penas  junto a aprendices de marinero más capaces que ellos mientras imaginan ocasos anaranjados que los rescaten de su invisibilidad.

Y la escuela tiene que darles respuestas que no queden  flotando en el viento.

Como parte de esa escuela que no siempre sabe acertar con las respuestas hoy me invade una agridulce sensación. 

sábado, 18 de febrero de 2017

El libro de texto como ingenio embrutecedor

Del fotógrafo ruso Andy Prokh
    
    ¿Bastón o lastre? Me debato entre dos polos y tengo claro el lado hacia el que me llevarán los cordones de mis zapatos, que saben más por viejos que por pellejos, que diría el poeta extraviado. Veinte años acumulando libros de textos en las estanterías del desaliento vocacional son suficientes para hacer volar por la borda  miles de ejercicios, textos e imágenes que se posan, como polvo o grasa o pequeñas motas de escoria, en sus páginas. 
     Desconozco el contenido de otras materias pero en Lengua Castellana y Literatura, sea cual sea la editorial en la que deposites tu voto -más irreflexivo que ingenuo-, ten por seguro que tus alumnos tendrán que poner el acento en "bolígrafo", "césped" y "camión" desde cuarto de primaria hasta cuarto de la ESO. Y lo que en primaria puede ser un descubrimiento de cierta complejidad con quince años ayuda a hacer tanto camino como una ruta de senderismo en una cinta de correr. Supongo que el encargo de nutrir los libros de texto con ejercicios que ayuden crecer y a pensar (dos palabras que las programaciones de aula han exprimido hasta estrangularlas) es oficio mal pagado cuando en 3º de ESO se pide poner en plural "El niño juega con la pelota" para descubrir -¡oh, prodigio!- que el sujeto es el grupo de palabras que concuerda con el verbo.
     Las programaciones didácticas se amoldan a los requerimientos de la LOMCE, se modernizan las propuestas didácticas con recursos digitales adaptados "a la nueva realidad del proceso de enseñanza- aprendizaje". ¡Evohé! ,¡Evohé!  Júbilo ante la posibilidad de conect@rse y experiment@r. Pero en los libros de 4º de la ESO los neologismos, esas palabras nuevas que se incorporan a un idioma para nombrar nuevas realidades, siguen siendo -invariablemente- "líder", "vagón" y "club".
     En mi creencia de que la imagen vale tanto como mil palabras busco en vano al Viajero sobre un mar de nubes de Friedrich en el tema dedicado al Romanticismo. Vano pues. Insulsas ilustraciones asexuadas, descontextualizadas y simples ocupan el lugar reservado a las manifestaciones plásticas que, como arena y olas o como río y bosque, brotan indisolublemente unidas a las manifestaciones de la palabra.
    "La igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres y el rechazo de estereotipos que supongan discriminación sexista" es un objetivo general de la educación secundaria que, cual globo de aire que se suelta de la atónita mano infantil en la feria para fundirse en la infinitud terrible del espacio, o desaparece o no ha existido nunca. Me he hartado de buscar, desde 4º a 2º de bachillerato, alguna referencia a las Sinsombrero, esas mujeres que fueron mejores escritoras  y más lúcidas intelectuales que muchos de los poetas que están grabados a tinta como miembros de la Generación del 27. Encontré, lo confieso, una mención a Concha Méndez y a Ernestina de Champourcín en uno, pero ahora, como la protagonista de El papel pintado amarillo (de Charlotte Perkins Gilman, -se lo recomiendo a quienes echen de menos a las mujeres en los libros de texto-) me arrastro por los manuales del Departamento buscando a una mujer y no es ella. ¿Dónde la habré dejado?
     En fin, supongo que pensarán que para qué utilizo libro de texto y les diré que lo he desterrado de mis clases en el bachillerato (y ahora uso la plataforma Schoology, la recomiendo) pero que me resulta útil como bastón -y lastre-. Este curso me he cambiado de centro y heredo unos libros que me obligan a admitir que aceptar una herencia supone hacerse cargo tanto de los bienes como de las deudas. Es el bastón en el que se apoyan los alumnos y alumnas que necesitan tener una referencia tradicional y que se pierden entre fichas y folios que habitan  desordenados archivadores tan desordenados como el mío. Porque esa escuela que defiende César Bona con adolescentes animosos buscando información en ordenadores de aula con conexión rápida, intercambiando impresiones y trabajando con igual pasión en grupo ... en fin, que hay días que lo veo más bien de color chocolate espeso, y no tengo nada más que decir, señoría. 
     Aunque, paradójicamente, el libro de texto es el lastre que agudiza el ingenio. En 4º de ESO han hecho por grupos unos Diccionarios de Neologismos que para sí quisiera la RAE. Ahora vamos dando tumbos por el Callejón del Gato y, después de leer Luces de bohemia, y además de hacer trailers de algunas escenas en vídeo, pondremos a prueba la competencia artística diseñando unas camisetas con las frases que más les gustan de la obra. Me quito el cráneo.  En 3º, entre una rebanada de sintaxis y otra de  verbos rebosa el compango de La Celestina. Lectura dramatizada con la adaptación de Vicens Vives. 
     Pienso en la monotonía de lluvia tras los cristales que tiene que ser dedicar la profesión a ponerle voz al libro, pienso en lo embrutecedor de todo un coro infantil cantando la lección una tarde parda y fría de invierno. Aprendió tantas cosas [...] que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas, nos recuerda Machado en la voz de Mairena. Pero también pienso en el mal hacer de las editoriales y en su poder y en sus privilegios y, por qué no, en su falta de nobleza. 

domingo, 12 de febrero de 2017

Tacones rojos para explicar denotación, connotación y contexto


Del fotógrafo Michel Tcherevkoff
No sé en qué estaba pensando Michel Tcherevkoff cuando concibió este singular y extraordinario zapato pero mi mirada, bajo los efectos de un cierto vaho escarmentado, se ha fijado en las piernas entaconadas de la mujer que arrastra con veloz soltura empeine y suela como si temiera llegar tarde a algún lugar. Yo, por afinidad, la veo más queriendo llegar a tiempo que huyendo. Aunque cualquier interpretación puede ser posible si entendemos que la obra de un artista deja de pertenecerle cuando la lanza al mundo ("El nacimiento del lector, o del espectador, se paga con la muerte del Creador" decía Roland Barthes). En la jungla de la posverdad no estaría de más repasar dos conceptos que, cual guerrillero sigiloso arrastrándose por las plantaciones de sorgo o ajo (me he acordado de Mo Yan), se han colado en nuestros circuitos de comunicación como el orvallo que parece que no moja pero que nos recuerda lo desprotegidos que estamos frente a los caprichos de la naturaleza. 

 Estos conceptos, repetidos hasta la saciedad -sin reparar en su hondura- en los libros de texto, son connotación y denotación

El significado denotativo es el significado objetivo, común a todos los hablantes, es decir, aquel que aparece en el diccionario. Así, zapato se define en el diccionario de la RAE como "calzado que no pasa del tobillo con la parte inferior de suela y lo demás de piel, fieltro, paño u otro tejido, más o menos escotado por el empeine"; rojo, "dicho de un color, semejante al de la sangre o al del tomate maduro, y que ocupa el primer lugar en el espectro luminoso"; y tacón es la "pieza de mayor o menor altura, unida a la suela del calzado en la parte que corresponde al calcañar".

El significado connotativo es aquel significado subjetivo que adquiere una palabra en una situación o contexto determinado. Así, para los creativos de esta marca de productos de belleza de supermercado, "zapatos rojos de tacón" adquiere un significado especial. Este significado especial viene reforzado por los labios selfirrojos, por el nombre del producto, Sexy 9 (¿por qué no 10? Llámenme depravada pero he querido ver una relación fónica entre "sexy9" y 69) y por esa ambigua apostilla final "seductora para 9 de cada 10 hombres"(¿quién seduce y a quién?)


Millones de mujeres mueven el mundo cada día, al igual que millones de hombres, La mayoría no lo hacen enfundadas en unos zapatos rojos con un tacón de aguja de 12 cm. por la misma razón que millones de hombres no lo hacen: el pie soporta todo el peso del cuerpo y una descompensación excesiva entre la altura del talón y el metatarso puede provocar problemas más o menos graves como hinchazón, picores, pesadez y varices, entre otros. Un martirio. 

Un martirio que estiliza las piernas, ayuda a ver el mundo desde otra estatura y es un complemento fundamental en la estética cotidiana de muchas mujeres. El tacón de vértigo lleva asociado connotaciones festivas y ligeras: fiestas, eventos especiales, ocio, frivolidad, noche, belleza, acicalamiento, lujo, placer, amor mundano. Así, una directora de cine podrá ir en tacones a la gala de los Goya pero es probable que elija un atavío más cómodo para sus pies si tiene que levantarse a las cinco de la mañana para dirigir una película. No será habitual que una arqueóloga baje a una cueva en tacones, de la misma manera que no lo es que una doctora o una peluquera o una taxista o una maestra o una charcutera o una investigadora o una limpiadora o una empresaria o una pintora pasen su jornada laboral calzadas en la incomodidad, si pueden evitarlo. 

Y aquí entra, sin necesidad de calzador, otro concepto importante (aunque los políticos actuales lo hayan mancillado haciendo de él un uso abusivo y cobarde): el contexto, es decir, el conjunto de elementos y circunstancias que rodean al acto comunicativo y que ayudan a la comprensión del mensaje. 

Podemos hablar de tres tres tipos de contextos: 

- El contexto lingüístico: las palabras adquieren su verdadero sentido de acuerdo a lo que le precede o le sigue en el discurso. Así, el presentador de la ceremonia de entrega de los Premios Goya 2017, el actor y humorista Dani Rovira dijo
 "Chicas, os admiro tanto. Es que no sé cómo hacéis con el tema de los tacones, de verdad."
 Si no hemos visto la Gala y nos transmiten sus palabras necesitamos conocer otras secuencias de su monólogo para entender que el presentador lleva puestos unos tacones: 
 "¿Que por qué me pongo tacones? Pues para ponerme en vuestros zapatos." 

 - El contexto situacional (o situación comunicativa): el entorno físico en el que se produce el acto comunicativo permite la correcta interpretación del significado de las palabras. 
Dani Rovira llevaba puestos unos zapatos para "seguir potenciando el papel de la mujer en todos los puestos de la sociedad" y "para seguir reivindicando que las mujeres ocupen puestos de toma de decisiones y en el cine siguen haciendo falta mujeres que hagan películas".
Aplausos arrobados del público, primerísimo primer plano para mostrar la dulce y ofélica aprobación de la actriz novia del presentador ante las palabras (encorsetadas y empolladas) de su hombre. Simbólica firma en zapato de tacón a manos de un director aclamado por su capacidad para reflejar lo más oculto de la condición femenina. Hombres y aplausos para rogar por la autoridad de la mujer. "A ver si me mato" bromeaba el presentador haciendo malabarismos sobre los incómodos manolos. Chistes frívolos al volver al pinrel. Alivio tras el trámite cumplido. 

 - El contexto sociocultural: es el conjunto de circunstancias históricas, sociales y culturales (conocimiento del mundo, creencias, ideas y valores) que comparten el emisor y el receptor. 
Y no vamos a entrar en el papel de las mujeres en determinadas sociedades fuertemente patriarcalizadas  ni en épocas pasadas. Ya conocemos las dificultades que las mujeres han tenido siempre para mostrar su creatividad, su inteligencia, su curiosidad, su capacidad, su valía, sus ansias, sus deseos, sus aportaciones, su impronta. Ya conocemos las zancadillas, las dificultades,los abusos, los ultrajes, los desprecios, incluso las muertes que han soportado aquellas que lucharon por defender la presencia femenina en  todas las espirales y pliegues y recovecos de esa telaraña que llamamos sociedad. 
En el hoy y el ahora conocemos que  hubo pintoras desde la Prehistoria pero su presencia no se muestra aún en los libros de texto, sabemos que hubo escritoras cuya actividad fue tan febril y entusiasta como la de sus compañeros varones pero su presencia no se muestra aún en los libros de texto, descubrimos cada día la importancia de las mujeres en la ciencia cuyas aportaciones fueron atribuidas a científicos varones pero, insisto, su presencia no se muestra en los libros de texto.

Aunque desde algunas instituciones y organizaciones se hacen esfuerzos para rescatar de entre los escombros a las ilustres olvidadas y para animar a las mujeres a proseguir en su lucha contra la invisibilidad y aunque en las redes surjan iniciativas colaborativas francamente laudables como la de Naukas, el topetazo contra el alfalto llega con la cruda luz del alba, quiero decir, con la cruda luz del asfalto (perdón por el cruce de cables con la sinestesia sabinera). Porque hasta la música y los deportes y ese preocupante y naciente fenómeno aún poco estudiado que da lugar a los youtubers son mundos en los que las caras visibles, mediáticas, millonarias, influyentes, imitadas y valoradas son hombres. Y eso no se ve en los libros de texto pero sí en la tele.

Cuando oigo "tacones rojos" connotativamente pienso en Melania Trump o en Victoria Beckham, pero no pienso en una mujer trabajadora, ni creativa, ni intelectual, ni influyente, ni pionera (aunque cualquiera de ellas, en algún momento, calce el mundo a bordo de unos Tcherevkoff ).

Por eso, hacer creer que estamos juntos codo con codo en la visibilización de los logros de la mujer y denunciando las trabas para llegar a puestos de poder poniendo como símbolo unos zapatos rojos de tacón queda, como poco, bastante fuera de contexto. 

sábado, 7 de enero de 2017

Los libros no son sagrados.


Kafka, Alicia, Pippi, Gerónimo. Todos, aunque no lo parezca, están aquí.


     Para los que leemos de forma habitual el libro es un objeto de culto. Así como unos no pueden evitar pararse ante los escaparates de ropa o de comida o de recambios neumáticos, un apasionado del libro verá reflejada su silueta  en todas las lunas que muestren la promesa de vidas y visiones diferentes a la de la repetitiva cotidianidad.  Decía Borges que el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria. Y ahora se me ocurre pensar que el mundo va hacia donde va porque le falta la rebeldía que nace con la imaginación y le falla la memoria que siempre está a tiempo de reconquistar en los libros.
     La capacidad de concentración aumenta al entrar en una librería y, aunque afuera arrecie la canícula o el frío invierno nos aturda con el aullido húmedo del vendaval, no hay mejor refrigerio que la promesa de una historia inexplorada ni mayor abrigo que el susurro de las hojas en su tránsito hacia la búsqueda y el conocimiento.
     Para los que consideran el libro como un objeto sagrado tirar un libro es una profanación, un acto de tal irreverencia que no se puede pensar en ello sin sentir un escalofrío de desconcierto.
     Por lo mismo, porque el libro es sagrado y en él se esconde la verdadera esencia del ser humano y de la vida, con sus bondades, inquietudes, logros, fracasos, desalientos y demás emociones, por ello y mucho más, quienes consideramos al libro un objeto sagrado no podemos pensar siquiera en la posibilidad de la censura. Defendemos con vehemencia la independencia del creador porque somos conocedores de obras imprescindibles que se vieron a un traspié de acabar en la pira de la intransigencia.  En 1857 Gustave Flaubert y Charles Baudelaire fueron llevados a juicio por escribir obscenidades el primero y por hacer apología del mal el segundo. Tiemblo al pensar que, en  estos tiempos aliados de la prisa, lenguaraces voces sin sentido del contexto puedan condenar al poeta maldito francés como inductor a la violencia de género. Juzguen ustedes si no:  El vino del asesino
     Hace unos meses levantó polvareda en las redes una polémica acerca de una obrilla infantil que, en formato autoayuda y a modo de consejos con pretensión humorística, incita a niños y niñas a la desobediencia caprichosa y a un cierto desprecio hacia los demás. Sí, leí el libro antes de la polémica y me desagradó que tras un envoltorio inocente, con la promesa de pegatinas al final, se escondiese justamente la opción vital que no queremos transmitir muchos de los  que nos embarcamos diariamente en las aulas intentando el desarrollo de un pensamiento crítico que nos haga fuertes ante los diferentes tipos de manipulación y que fomente, sobre todo, el respeto hacia los demás, sin olvidar la dosis de rebeldía y transgresión que nos han ofrecido, a través de la ficción, tanto Pippi Calzarlasgas como Charles Baudelaire, por poner dos ejemplos.  
     Muchos pidieron la retirada del libro por considerar que su lectura puede abrir puertas al acoso escolar que ya es mal extendido en un país y en una escuela que solo reacciona  (y no siempre) cuando, como indicaban todos los pronósticos, las lluvias torrenciales inundan las casas con tejas desplazadas en los tejados desconchados. 
     Otros clamaron al cielo porque los libros no se prohíben ni censuran. Lo que está escrito es sagrado. La palabra impresa es un tatuaje inquebrantable como un dogma de fe por los siglos de los siglos amén.
     Yo, he de confesarlo, a veces entro en las librerías  y cual Cervantes atrevido, a quien no le tembló la pluma en ristre al lanzar a la pira del olvido todas las novelas de caballerías y demás bodrios de su tiempo, pienso que no, que el libro no es sagrado. 


sábado, 24 de diciembre de 2016

Desacordes navideños 2016

Del fotógrafo de guerra serbio Goran Tomasevic

Han ganado la batalla (no nos engañemos con mentiras piadosas), respiran tranquilos, el consumo aumenta, las terrazas y bares vuelven a ser la actividad de ocio preferidas de nuestros amigos y vecinos, las luces de Navidad cumplen su función cegadora, los noticieros televisivos no dejan de insistir (cara complaciente del presentador) en el repunte de las compras, en twiter (lo he comprobado) Proactiva Open Arms, la ONG que pasará las navidades salvando la vida de los que huyen del infierno, tiene 38.160 seguidores frente a los 1.222.948 de la Princesa del Pueblo, lo he comprobado. El analfabetismo televisivo pasará las navidades soltando sandeces que enriquecen económicamente a fantoches grotescos. Necesitamos un Valle Inclán contemporáneo que reescriba Luces de Bohemia, ahora que Europa es una deformación grotesca de la civilización, ahora que los Don Latinos, con ese corazón que tienen, se han hecho dueños de todos los capicúas, ahora que mascar ortigas ya no es tendencia, ahora que lo que ahora nos conmueve mañana estará olvidado al contacto espumoso de una cervecita de terracita con este tiempo tan primaveral en invierno, lejos del infierno de esos otros que huyen de un infierno, de ese círculo dantesco que resulta lejano aun en su cercanía.
Hace unos meses escribí este poema, que está por ahí en mi blog de poesía. Como una Ebenecer Scrooge cascarrabias (no sé por qué lo hemos odiado tanto, mister Dickens) mi sentimiento navideño está lejos de la pastelona Navidad.


Piedras al vacío, I
Estamos en el infierno y nos gobiernan sus monstruos.
No intentes enfrentarte a ellos,
no conocen el don de la humanidad.
Sus manos tendidas encierran un puñal de mentiras.
Todo hace pensar que su masa encefálica se talló en canteras de granito
-ya no hablemos, entonces, del corazón-.
No permitas que te anestesien con el abrazo de sus palabras.
Si las cuencas  de sus ojos
se clavaran en el mapa de tu destino
te verían como creen que eres:
grano de arena invisible en el desierto,
saltamontes huyendo del dedo que arranca sus alas,
araña ofuscada en los desgarros de su tela,
escarabajo atontado en la felicidad de su colorido.
Sin embargo, no olvides
-muchos ya lo saben-
que un mosquito puede provocar una matanza,
y que una marabunta de hormigas
no es solo ciencia ficción.
Por eso,
no intentes enfrentarte a ellos
-a los demonios voraces-
mostrando tu desnuda soledad.
Recompón la tela, elévate sin alas, desordena tu colorido,
Y entiende –de una vez por todas-
que un grano no hace desierto
pero  una tormenta de arena  retuerce  los caminos
hasta convertir el barro intransitable en salvoconducto hacia el atardecer.

sábado, 17 de diciembre de 2016

#poema27. Retorno a María Teresa León


María Teresa, Lorca y Alberti
"Hijo, ¿sabes dónde has nacido? ¿Comprendes en qué lugar has abierto los ojos? Pues estás en España. (…) ¿Traes algo entre las manos: una gota de agua salada, una canción, un caracol de las playas celestes? Hijo, voy a poner sobre tus labios un aliento, apenas, del vinillo nuevo, para que tu corazón jamás encierre amargura y halles en ti alegría que derramar sobre los que sufren adversidades y pobreza."   ( De Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar )

Este fragmento forman parte de un libro que no tengo y que nunca he leído y del que probablemente no hubiera oído nada si, al encontrarme con la iniciativa que Toni Solano plantea cada año  por estas fechas de invadir la red con poemas del Grupo del 27, no hubiera surgido en mí la necesidad, no exenta de remordimientos, de aludir a alguna de las mujeres que formaron parte de esa generación pero que fueron posteriormente anonimadas, olvidadas y borradas, no solo por las instituciones, o por los libros, o por los enseñantes, sino también por sus propios compañeros de generación, aquellos que vivieron para contarlo. Un documental de 2015, Las sinsombrero, recupera su presencia y las salva de las telarañas de la desmemoria. Hemos trabajado con ese documental el curso pasado en Literatura Universal y  este curso lo incluyo como parte de la programación de Lengua Castellana y Literatura de 2º de bachillerato. En algún libro de texto aparece una tímida mención a alguna de estas escritoras (Concha Méndez o Ernestina de Champourcín). Supongo que con el tiempo esa presencia, que hoy es tendencia, se irá evaporando como una gota de agua en el asfalto si desde los centros no alimentamos su recuerdo. Desde el nuestro, y a través del Plan de Fomento de la Lectura (Encuentros Literarios 2017) organizado por el MECD, estamos organizando una charla con la escritora Ledicia Costas (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2015) para hablar de la pintora Maruja Mallo y su relación con las Sinsombrero en ese universo cultural floreciente que fue la Generación del 27.

El 13 de diciembre de 1988 moría María Teresa León aquejada de una enfermedad que le borró los recuerdos. Para los libros de texto y para los  homenajes era la mujer de Rafael Alberti. Pero la verdad olvidada es que estamos ante una escritora excepcional de cuyos escritos apenas hay rastro en la red y cuyos libros están, sobre todo, descatalogados. Fue además una intelectural combativa cuya memoria se esfuerza hoy por recuperar su hija Aitana.

En 1956 Rafael Alberti publicó Retorno de lo vivo lejano, uno de sus poemarios más hermosos. Escrito desde el exilio argentino, quiero pensar que este poema, "Retorno del amor recién aparecido", lo escribió pensando en María Teresa León.

Cuando tú apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
 y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar de primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre tus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.
Arcos me abriste y mis floridos años,
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.

jueves, 24 de noviembre de 2016

"Fóllate a la tulla,cabrón". Una reflexión para el 25N




"Fóllate a la tulla, cabrón" reza la pintada, encajada desde hace años ya en el paisaje como didáctica concesión al  feísmo rural. El aforismo es anónimo, pero quizás esta letra  haya pasado por mis ojos algún curso. Con seguridad, yo habría puesto el acento en "cabrón", una tilde con bolígrafo verde enmarcada en un círculo.  Aunque no lo parezca dice más de lo que dice porque desenmascara al anónimo autor aunque siga permaneciendo en el anonimato. Decididamente, los estudios no son lo sullo*, es posible que no sepa que un pronombre posesivo es aquel que denota posesión o pertenencia.  Pero sabe cuál es la sulla* y cuál es la tulla*. Su posesión y la del otro. Tras el  verso se esconde una historia sentimental marcada por la infidelidad. Cuando se lo contaron sintió el frío de una hoja de acero en las entrañas pero no se apoyó contra el muro, no, sino que, ofuscado por tan becqueril desengaño, estampó su lírico sentir en él.

Durante los años que pasé por delante de ese muro no recuerdo que nadie borrase la pintada, que nadie hiciese mención a ella a pesar de mostrar su impúdica visibilidad hacia las ventanas de algunas aulas. Las malas hierbas y las zarzas la han ido desvaneciendo y es probable que solo quede fragmentada constancia en esta vieja foto que siempre me persigue cuando llega el día de pasarse el día reflexionando sobre la violencia de género.

66.000 mujeres han llamado este año en España al teléfono de atención a víctimas de violencia de género, muchas de ellas adolescentes, el colectivo más vulnerable. Ignoro cuántos miles de euros serán destinados a lacitos morados pero su efecto será igual a la buena voluntad de la miel con limón para curar la pulmonía.

El de la tulla* ha crecido en un mundo donde el fútbol es cosa de hombres; donde los héroes de los cómics son, en su mayoría, hombres; donde gran parte de los grupos musicales están liderados por hombres; en los libros de texto los inventos, los acontecimientos, los pensamientos, el ingenio y la creatividad son cosa de hombres; en la publicidad, los coches de alta gama que circulan por carreteras solitarias están conducidos por hombres mientras las mujeres sufren pérdidas de orina, tienen digestiones difíciles, toman infusiones para adelgazar y poder derrochar atractivo concupiscente en los anuncios de perfumes.

El de la tulla* escuchar reggaeton y canta en inglés lo que no comprende mientras engulle vídeos de sujetos con gorra que acercan su bálano a estrechas minifaldas quinceañeras. Su hermano pequeño también amuebla su infancia con  youtubers de memo ingenio mientras sueña con participar algún día en "Mujeres y hombres y viceversa" o soltar palabrotas e improperios en cualquier otro programa de máxima audiencia.

Me pregunto qué habrá sido de sulla*.  

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